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Escuelas y familia, base de la formación de un buen líder

Por Gonzalo Martínez de Miguel, Director general de Infova, Compañía española especializada en formación y desarrollo de talento directivo.

La esencia del liderazgo radica en una autoestima sólida, la educación del carácter, la intención de ser ejemplo y la vocación de servicio. Por este motivo, instruir a alguien para ser un líder consiste en formarle en la gestión de la adversidad, la vocación de servicio, la integridad, la capacidad para asumir riesgos, etc. Esta sería la base, y después habría que centrarse en aspectos que, siendo importantes, no son el punto de partida, como la comunicación, la capacidad de negociación, etc.

1deabril2015gonzalo-martinez-de-miguelEl liderazgo es capacidad de influir y de dar dirección al entorno. El desarrollo de la competencia para dirigir discurre en paralelo al desarrollo personal; y por este motivo, las escuelas y la familia son la base de la formación de un buen líder, puesto que es desde los inicios más tempranos donde se debe comenzar a enseñar a las futuras generaciones la importancia de la autoestima, de afrontar las dificultades, el espíritu de superación, etc.

La formación en liderazgo no es exclusiva de las empresas o la política; cada uno lidera su vida, sus familias y sus diversos grupos de amigos. Por ello, la capacidad de dirigir se debería estudiar también en las universidades, en las escuelas de padres, y deberían formarse en este tema también los profesores.

En la sociedad, los ciudadanos eligen sus caminos y toman sus decisiones. Por ello, educar desde la infancia tendrá como resultado una sociedad más libre y próspera que dependerá menos del liderazgo de unos pocos. No hay que olvidar que muchas de las cosas importantes que ocurren en la sociedad se producen bajo la dirección de alguien o en las condiciones que alguien ha creado con su liderazgo.

Mientras que la sociedad en general todavía no es consciente de la importancia de esta formación, las compañías sí saben que el liderazgo no es intuitivo, ni se puede dar por supuesto, por lo que destinan cada año miles de euros en formar a sus directivos. Saben que este aprendizaje es necesario y que el valor que aporta un buen líder en un equipo es impagable. De ahí que, para que esta inversión merezca la pena, el camino más efectivo es centrar la formación en la esencia, en lugar de seguir desarrollando lo periférico, que sólo crea dirigentes aptos para negociar, comunicar, con muy buena presencia y muchas habilidades, pero que terminarán por defraudar a sus equipos y a sí mismos.

 

Comparado con otros países de nuestro entorno, el nivel de liderazgo en España es alto y desde hace años están aquí algunas de las mejores escuelas de negocios de Europa. Además, las empresas le prestan gran atención a la formación de sus mandos, y las asociaciones de directivos también están haciendo un buen trabajo de formación y entrenamiento de sus asociados en  estos temas. El problema es que, hasta la fecha, todos ellos han prestado más atención a la parte que nosotros consideramos más periférica y se han olvidado de la esencia real del liderazgo. Y merece la pena recordar que los pilares más valorados en un jefe son la capacidad para dar dirección, desarrollar personas, ser referente de comportamiento, servir al equipo e inspirar y entrenar a sus miembros.

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